La arquitectura de Gaudí

La arquitectura de Gaudí

Uno de los máximos exponentes del modernismo.

A finales del siglo XIX, surgieron en Europa nuevas corrientes arquitectónicas que buscaban diseñar un estilo constructivo propio del nuevo siglo, en una etapa en que la arquitectura parecía definirse solo por la vuelta constante al pasado. Se estaba materializando una reacción contra los gastados valores tradicionales, también en lo estético. Estos movimientos surgen en distintos países como respuestas diferentes a una misma búsqueda de la modernidad, como ensayos que en conjunto contribuyeron al cambio y a la consolidación de una nueva tradición. El Modernismo se inició en el ámbito del diseño y también nació como reacción a la industrialización. Una de sus pretensiones iniciales era liberar a la humanidad de las consecuencias anti-humanistas de la tecnología. Para muchos de sus artistas, la máquina era obra del demonio y urgía restablecer la vida en la naturaleza y el trabajo artesanal. Mantuvieron las distancias con la técnica hasta que evidenciaron que el progreso era irreversible.

En lo arquitectónico, el Modernismo preparó el terreno para construcciones que conciliaran materiales modernos y función constructiva. Confluyeron la combinación de todas las artes y la configuración de la obra de arte total: se ocupaba de lo contenido en el mobiliario,  la decoración y detalles de la construcción. El arquitecto catalán Antonio Gaudí, fue uno de sus máximos exponentes y uno de los principales pioneros de las vanguardias artísticas del siglo XX.

Antoni Gaudí i Cornet fue un arquitecto catalán que ha sido reconocido internacionalmente como uno de los expertos más prodigiosos de su disciplina: la arquitectura, siendo uno de los máximos exponentes del Modernismo. Su genialidad excepcionalmente de ruptura; demostró un lenguaje arquitectónico único, personal e incomparablemente difícil de clasificar.

Gaudí nació el 25 de junio de 1852 en una pequeña población en la provincia de Tarragona, comunidad autónoma de Cataluña. Provenía de una familia de caldereros, hecho que le permitió al joven Antoni Gaudí adquirir una especial habilidad para tratar el espacio y el volumen mientras ayudaba a su padre y a su abuelo en el taller familiar. Su facilidad a la hora de concebir los espacios y la transformación de materiales prosperó hasta convertirse en el genio de la creación en tres dimensiones y que posteriormente demostraría ser. Sin embargo las calificaciones que recibía cuando estudiaba, no eran precisamente las de un estudiante sistemático y cuidadoso al contrario su historial académico revela un temperamento decidido que se dedicaba a lo que le interesaba, ignorando lo que por una otra razón no despertaba su interés.

Sus estudios de arquitectura

En 1873 Gaudí deja su hogar y se marcha a Barcelona, donde se matricula en la Escuela Provincial de Arquitectura en la que le esperaba una atmósfera (que a pesar de ser provinciana) estaba llena de entusiasmo, tal como lo demuestra la primera lista de actividades de los primeros miembros de la facultad.  En 1878 Gaudí recibió su título de arquitecto. Con estas palabras se expresaba Elías Rogent, director de la Escuela de Arquitectura de Barcelona: aún no estoy seguro de haberle concedido el diploma a un genio o a un loco, el tiempo lo dirá.

Una vez obtenido el título, Antoni Gaudí se estableció por su cuenta en su despacho de la calle del Call en Barcelona desde donde, con gran entrega, inició el inconfundible legado arquitectónico, gran parte del cual es considerado Patrimonio de la Humanidad. Pero el encuentro que resultó en una de las relaciones de amistad y mecenazgo más productivas de la historia, se produjo a mediados de 1878, cuando la casualidad o el destino quiso que Eusebi Güell, un impulsor de la industria nacional con un acentuado gusto por las artes, cruzaran caminos. La relación que se inició desde aquél momento no fue únicamente la de cliente-arquitecto, sino que resultó en un vínculo de admiración mutua y aficiones compartidas, tejiendo una amistad que dio al arquitecto la oportunidad de iniciar una trayectoria profesional plena donde poder desarrollar todas sus cualidades artísticas.

Esplendor creativo

Más allá de la relación con Güell, Antoni Gaudí recibió gran cantidad de encargos y planteó innumerables proyectos. Muchos de ellos, afortunadamente, pudieron convertirse en realidad, pero algunos otros no pasaron del papel. Durante su etapa de madurez, las obras maestras se fueron sucediendo las unas a las otras: la Torre Bellesguard, el Park Güell, la restauración de la catedral de Mallorca, la iglesia de la Colonia Güell, la Casa Batlló, La Pedrera y, finalmente, la Sagrada Familia.

Curiosamente, el esplendor de la arquitectura de Gaudí coincidió, en una decisión personal del arquitecto, con un progresivo retraimiento de su figura. Gaudí, que en su juventud había frecuentado teatros, conciertos y tertulias, pasó de parecer un joven dandi con gustos de gourmet a descuidar su aspecto personal, comer con frugalidad y alejarse de la vida social a la vez que se entregaba con más fervor a un sentimiento místico y religioso.

Interior de la Sagrada Familia

Hubo en Gaudí influencias importantes en su concepción creativa, una de ellas fue el ambiente intelectual catalán en general, la noción de obra de arte total manejada por Wagner y sus escenografías para óperas que llegaron a publicarse; hay que tener en cuenta que Barcelona era la ciudad donde más representaba entonces a Wagner fuera de Alemania y allí se difundió su gusto por los ambientes misteriosos y exóticos, las cuevas y montañas, la arquitectura arbórea. Otra influencia fue el libro “Las formas de la naturaleza” del filósofo y naturalista Haeckel, en la que pudo buscar inspiración para sus diseños con animales marinos, conchas y formas vegetales. Se relacionó con la alta burguesía catalana, sobre todo con el industrial y comerciante Eusebi Güell, que fue su mecenas y amigo.

En lo estético, la arquitectura de Gaudí se caracteriza por su eclecticismo, pues tomó referencias de varias épocas del pasado como el medievo y el barroco y de diversas culturas, que se puede apreciar en su empleo de la cerámica, el ladrillo o el trencadís, que son trozos de cerámica de vivos colores formando motivos decorativos. Diseñó por completo sus edificios, incluyendo vidrieras y mobiliario, al entenderlos como obras de arte únicas y cerradas, e incorporó, como mencionamos, referencias a las formas de la naturaleza de modo muy evidente en sus columnas-hueso.

Amaba el cromatismo intenso y dio un uso expresivo a los elementos constructivos, que adquirían así un carácter dramático; ejemplo de ello es la torsión de la piedra. Concedió también una valoración escultórica a los remates de los edificios y buscó, ante todo, la originalidad: sus edificios, concebidos siempre con evidente sentido plástico, se podrían entender individualmente como esculturas. En cuanto a sus aspectos técnicos, la arquitectura de Gaudí es muy experimental: le gustaba crear nuevas formas estructurales. Rechazó utilizar hierro, con la única excepción de la Casa Milá, dando prioridad a la piedra y el ladrillo. Trabajaba con maquetas más que con planos, sobre todo con maquetas funiculares para calcular la forma de sus arcos, y sobre todo al final de su vida, trató de crear espacios amplios y diáfanos. Como un maestro de obras de la Edad Media, trabajó siempre al pie de las mismas, controlando en todo momento el proceso de construcción. Su obra es toda color, luz y movimiento.

La Sagrada Familia

No podemos dejar de mencionar uno de los monumentos más majestuosos del mundo y su gran obra maestra: La Sagrada Familia que comenzó su construcción en 1882 con un estilo neogótico. Un año después el proyecto fue puesto en manos de Gaudí, quien lo replanteó por completo. Gaudí diseñó un templo excepcional e innovador que iba a estar compuesto por 18 torres, la más alta representará a Jesucristo, mientras que las demás representarán a los apóstoles, los evangelistas y la Virgen María. El monumento alcanzará así una altura máxima de 172,5 metros, aunque finalmente sólo tuvo tiempo de crear una de ellas antes de su muerte. Este edificio está dedicado y consagrado a la Sagrada Familia. El nombre oficial es Templo Expiatorio de la Sagrada Familia

Todo la iglesia está pensada a partir de dos ejes fundamentales que conmovían al arquitecto: el discurso cristiano y la observación de la naturaleza. Por eso, la basílica no puede ser comprendida sin atención a estos dos elementos. Gaudí acude a símbolos y alegorías de la Biblia y los relaciona estructural, formal y simbólicamente con la naturaleza. Es evidente que para el arquitecto la naturaleza era obra de Dios. En lugar de hacer planos, Gaudí elaboraba maquetas tridimensionales con las cuales dirigía el proyecto. Una de sus técnicas era crear volúmenes usando un sistema de péndulos. Hecho esto, colocaba un espejo por debajo de estos y analizaba la imagen invertida que el reflejo ofrecía, lo que le permitía concebir y visualizar la estructura del edificio.

Casa Milá. Barcelona

Esta iglesia está construida en una planta de cruz latina, a partir de la cual se forman cinco naves. Sobre el punto de cruce de la planta, se encuentra un ábside semicircular que corona el espacio. Está pensado para destacar tres fachadas fundamentales: la fachada de la Natividad, la fachada de la Pasión y la fachada de la Gloria, todas ellas concebidas como grandes libros de piedra que relatan la llamada “historia de la salvación”.

La luz como elemento de la construcción en la iglesia, está cargada de significado. Gaudí diseñó la iluminación de la Sagrada Familia para profundizar en las alegorías espirituales y no solo para iluminar el espacio funcionalmente. El arquitecto usa vidrieras coloridas que aportan efectos emocionales, siguiendo en este caso la inspiración del arte gótico que prefería los tamices de colores que el uso de la luz diáfana. Podemos afirmar que la Sagrada Familia es el templo de la luz armoniosa. Así, la fachada de la Natividad recibe la luz del amanecer como símbolo del nacimiento de Jesús, luz del mundo. La fachada de la Pasión recibe la luz del atardecer o del sol poniente, metáfora de la muerte de Jesús y su descenso a los infiernos. Y la fachada de la Gloria recibe la luz del pleno día que ilumina la nave central en todo su esplendor, símbolo de la resurrección.

En un artículo publicado por la BBC se recoge el testimonio del arquitecto Jordi Faulí i Oller, responsable de la Sagrada Familia actualmente. Según Faulí, el genio de Gaudí era tal que: las columnas, por ejemplo, nadie las había hecho en la historia de la arquitectura. Columnas que se van transformando desde la base hasta arriba donde parece casi un círculo. Se van afinando hasta llegar al cielo. Es la búsqueda de la perfección, la búsqueda de Dios.

La Sagrada Familia es el proyecto de construcción más complejo del mundo todavía, aún en construcción. Se espera que el templo podrá ser concluido en el año 2026 en conmemoración al centenario de su muerte.

Un mensaje para la posteridad.

Antoni Gaudí murió el 10 de junio de 1926 atropellado por un tranvía mientras se encaminaba, como cada anochecer, hacia la Sagrada Familia desde la iglesia de Sant Felip Neri. Después del golpe, perdió la consciencia y nadie sospechó que aquél anciano indocumentado de 74 años y de aspecto descuidado era el célebre arquitecto, fue trasladado al Hospital de la Santa Cruz, donde posteriormente sería reconocido por el cura de la Sagrada Familia. El entierro tuvo lugar dos días después en la Sagrada Familia después de un multitudinario funeral: buena parte de los barceloneses salieron a la calle para dar el último adiós a Gaudí, el arquitecto más universal que la ciudad había visto.

Gaudí crea un lenguaje nuevo en la arquitectura. Nos introduce en el misterioso origen de las fuerzas interiores que generan fuerzas, tensiones, movimientos, ritmos, curvas alabeadas y arcos catenarios, y utiliza las leyes con las que la naturaleza crea seres y paisajes. Su vida es una muestra de crecimiento interior, de búsqueda interior y de espiritualidad. Plasmó su obra con su aroma propio, descubierto a través de la meditación y la observación profunda del hermoso universo que le rodeaba. El hombre actual necesita aprender de Gaudí esa capacidad de reflexión. Debe maravillarse ante un amanecer, ante una bella poesía, ante una buena acción. Debe saber que el árbol que está en el parque, que el pájaro que se posa en la ventana, que el hombre que pasa a su lado, que la nube que atraviesa el gran cielo azul, todos tienen un mensaje para él.

Su visión de la arquitectura y de las artes plásticas sienta las bases del arte actual y futuro. La obra de Gaudí es una búsqueda de la perfección del arte, de la perfección personal y de la perfección de la sociedad humana. Él lo expresaba así: «para hacer las cosas bien es necesario: primero, el amor; segundo, la técnica».


Amarilys Quintero. Artista Intermedial- Comunicadora – Docente. Coordinadora de la plataforma dedicada a la educación, investigación y divulgación artística ARS SONORUS. Estudiosa y apasionada de la Historia del Arte.

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