Estética en el paisaje sonoro

Una aproximación a la estética y el Paisaje Sonoro

Conferencia dictada por Jorge Gómez en el Seminario online de Paisaje Sonoro, creado y organizado  por Ars Sonorus

Si el sentimiento estético visual toma sus referencias en la realidad (la belleza de un paisaje, de un árbol, de un cuerpo humano), ¿por qué el placer sonoro no podría referirse al entorno sonoro?    Michel Chion

Si efectuamos un rastreo histórico del interés humano por el paisaje visual y su nacimiento en China, se sitúa en el siglo V e igualmente en Flandes en el siglo XVI.

La pintura del paisaje ha inspirado numerosas reflexiones estéticas a lo largo de la historia del arte. ¿pero se trata de pura estética?. Esta es la primera pregunta que plantea la vivencia de una relación del espacio geográfico. En efecto, el espacio geográfico es el soporte concreto del paisaje. La palabra estética comprende toda clase de sensaciones y sentimientos. El paisaje no existe sin una perspectiva humana sobre el mismo, por esto es por lo que un examen de tipo genealógico antes que estético, en el sentido restrictivo que el siglo XVIII dio a este término, parece necesario para hacer progresar una reflexión que conceda la misma importancia al sujeto que contempla y el objeto considerado.

Llevado a nuestro tema central, es decir el paisaje sonoro y su percepción estética para la creación artística, (con todo lo que ella implica), es decir su escucha, su valoración, su posible intervención, su estudio desde la ecoacústica que integra a campos diversos de la ciencia y del arte, nos conduce a sus orígenes desde el interés mostrado por Aristóteles, escritores y poetas en los que la escucha predomina en sus obras como Henry David Thoreau, entre otros tantos, o en científicos como Alexander Von Humboldt que en sus escritos “Cuadros de la naturaleza”, se denota en especial  sus cualidades descriptivas en referencia a lo acústico – sensorial.

En los capítulos “Sobre la vida nocturna-animal en la selva” y “Sobre las estepas y los desiertos” encontramos una tendencia a revelar al lector la presencia de un universo sonoro que marca un carácter particular como parte del ambiente natural o paisaje regional. En el segundo tomo de su obra “Cosmos-Boceto de una descripción física del mundo”, dedicado a exponer su concepto estético de, (remito): “escenarios naturales”, Humboldt añade: los árabes dicen en sentido figurado y significativo que: “la mejor descripción sería, la cual convierte el oído en un ojo”. Todo aquello relacionado con lo sensorial y en especial con lo sonoro-visual, va por encima de otros recursos literarios para la representación de la realidad.

La manera de cómo suena algo para describirlo, refleja en Humboldt, la tendencia muy propia de un científico con una mentalidad impregnada por la escucha, que relaciona con hechos experimentales o parámetros particulares de otras culturas. De acuerdo al grado de relevancia que tiene lo sonoro en su obra, podemos destacar cuatro categorías de alusiones al escuchar el silencio, los sonidos, al sonar, y al memorizar sonoro.

Él dejó en sus escritos testimonios de los ambientes que visitó y que inspiraron a varios artistas plásticos de su época; no existía aún el grabador y nos ha dejado “retratos sonoros”, que mediante su clara audiencia demostró su interés de lo que hoy llamamos paisaje sonoro, término acuñado por el músico compositor e investigador canadiense Murray Schafer, designándolo como un fenómeno de esencia relacional es decir, que no solo apunta a declaraciones estéticas, sino a comprender lo intrínseco entre la naturaleza, la humanidad y la tecnología desde los sonidos que todos ellos generan; constituyendo una alternativa interdisciplinaria para conocer y comprender el mundo que nos rodea desde diferentes campos científicos, artísticos y sociales y que exploran la realidad aural como ampliación del conocimiento y de la consciencia.

Del texto de referencia obligada, “El arte de los ruidos” del pintor futurista Luigi Russolo escrito en 1913, extraemos esta frase encantadora: “cruzar una capital moderna con nuestros oídos más sensibles que nuestros ojos”, en ella nos invita a ubicarnos en nuestra escucha para producir una orquestación de nuestra imaginación, haciendo inclusión de aquellos sonidos no tomados en cuenta para el goce estético, así como también la ampliación de los timbres musicales: invitación provocadora y de vanguardia. ¿Se han permitido ustedes esta acción voluntaria que con tan solo abrir nuestro aparato sensorial auditivo, asistimos a destellos de placer estético?

En 1930 el cineasta Walter Ruttmann crea su film ciego: “Weekend” que para muchos es una obra de radioarte, donde incluye sonidos captados en diversos lugares de Berlín a modo de collage sonoro y que es una auténtica rebelión contra el sesgo visual, haciéndonos escuchar con nuestra imaginación. Consta de seis partes, este autor utilizó un micrófono camuflado en aserraderos, estaciones de tren, fábricas y calles para registrar los sonidos de Berlín. Tenemos acá la ciudad como soporte y el paisaje sonoro como obra.

Otro cineasta y vanguardista ruso, Dziga Vertov en 1931 crea con elementos del paisaje sonoro su “Sinfonía de Donbas”, de la cual al escucharla Charlie Chaplin dijo:

nunca hubiese creído posible ensamblar ruidos mecánicos para crear tal belleza; una de las sinfonías más excepcionales que he conocido. 

Es en los estudios de la radiodifusión francesa que Pierre Schaeffer crea la música concreta en 1929, y establece una taxonomía de la escucha: de oír, entender y comprender; así como también tres tipos de escucha: la causal, la semántica y la reducida; tenemos así toda una metodología para la percepción y registro de todo lo que suena, para posteriormente crear obras con todos los sonidos.

En 1937 ya John Cage en su texto referencial “The future of music: Credo” nos hace notar  que lo que más oímos es ruido y : “que cuando lo ignoramos nos perturba, cuando lo escuchamos es fascinante”. Está de más en este punto reiterar sus valiosos aportes en la comprensión de los factores del silencio, el azar, el indeterminismo absoluto, etc.

Otro autor que es importante dentro de la evolución del paisaje sonoro como medio para el goce estético es el francés Luc Ferrari, su obra “Presque Rien” (Casi nada) entre otras, del año 1968 como también “Le lever du jour au bord de la mer” (“Amanecer en la playa”), que está considerada por algunos como una extensión conceptual de la obra 4´33´´de John Cage, haciéndonos notar la inexistencia del silencio ya que obedece a una compleja orquestación de elementos de repetición, estructuras rítmicas e incluso tonales según él, abriéndose a nuevas convenciones y prácticas. Sus relaciones con la memoria y el paisaje sonoro las exploró ampliamente.

Haciendo mención al trabajo de estos exploradores sonoros queremos llevar a nuestra audiencia al hecho de que la estética es una disciplina filosófica relativamente reciente, si la comparamos con otras áreas de la reflexión filosófica como la ética o la ontología que son tan antiguas como el propio pensamiento filosófico. La estética nació con la llamada Ilustración a mediados del siglo XVIII, cuando el filósofo alemán Alexander Gottlieb Baumgarten formuló su primera definición en 1750,  como –gnoseología inferior-, como ciencia del conocimiento sensitivo, cuya categoría de valor es la belleza, análogamente como la verdad lo es del conocimiento teórico.

Este mismo presupuesto subyace en Hume, Diderot, Gerard, Hutcheson y Enmanuel Kant; por ello la categoría central del discurso en la época era la del gusto, esa capacidad del ser humano libre y culto de ejercer de modo autónomo su propio juicio sobre los objetos estéticos, ya fueran naturales, ya artísticos. En 1820 Hegel nos plantea reflexiones muy válidas sobre la definición de Arte y su función que no está encerrado en un concepto determinado, donde lo nuevo se hace objeto mismo del arte, como también afirma Baudelaire y posteriormente las vanguardias del siglo XX con sus proclamas y manifiestos.

Estas vanguardias artísticas en su rápida sucesión y corto florecimiento nos han dejado la invención de nuevos lenguajes y ámbitos de experiencia, la transgresión de límites, lo inesperado y original que nos presentan aguzan la centralidad que posee la cuestión del concepto de Arte. Con el filósofo Heidegger y su obra “El origen de la obra de Arte” (1950) y de Walter Benjamin y su ensayo “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” (1935/36); el primero define la capacidad de abrir mundo y fundar sentido y el segundo plantea la necesidad de un cambio de concepto a partir de las transformaciones que las nuevas tecnologías ejercen sobre el Arte.

Tras el movimiento Pop a partir de la década de los años 50, el minimal art y el arte conceptual en los 60 se varía el itinerario reflexivo de la estética, donde podríamos deducir que hemos llegado a la situación que por más paradójica que parezca cualquier cosa puede ser arte, derrotando así a la llamada “inteligencia” y el gusto. Lyotard y Derrida plantean la derrota de toda regla. Sin embargo, la nueva estética, la estética más reciente rechazaría aceptar esa impotencia del gusto y apuesta por renovar la teoría de la experiencia estética como una forma irreductible de la relación de los seres humanos con el mundo. Lo propio de la experiencia del arte es su capacidad de negar lo sólito, (es decir lo que ocurre o sucede ordinariamente), y lo común expresando algo diferente o de modo inesperado.

Y acá es donde vuelvo al tema central de esta ponencia: el paisaje sonoro y su estética; el paisaje sonoro como una de las tipologías del Arte Sonoro, descompone esa percepción de nuestro mundo habitual,  lo modifica, nos amplifica la percepción y la renueva. La estética del paisaje sonoro, ha conocido un proceso de habilitación y re-habilitación de la estética de la naturaleza y de la segunda naturaleza que ha creado el ser humano que es toda su inventiva industrial,  tecnológica y ahora multimedial.

Una moral de la naturaleza se convierte en basamento de la estética en quienes registramos o intervenimos sonidos de ella y de la segunda naturaleza que ha creado el ser humano a su imagen y semejanza. La mirada del hombre de nuestro tiempo acostumbrado al caos urbano, a la velocidad en las comunicaciones, del viaje, de la información, al delirio delante de pantallas traslúcidas de centenas de canales, tiene tal vez aún la oportunidad de mantener alguna cordura como paseantes y cazadores de sonidos, capaces de asombrarnos y detener el goce estético de saber escuchar el mundo y su sonar, para crear arte con  paisajes sonoros figurativos o intervenidos y generar variadas reflexiones.

En un sentido más amplio y  extenso, la creciente sensibilidad por el paisaje sonoro ha ido de la mano de la actual crisis ecológica y de ciertos cambios en la sensibilidad cultural hacia la propia naturaleza. El estudio del paisaje sonoro es una forma de resistencia contra las fuerzas de un sistema que tiende a la aniquilación de toda subjetividad que solo ve en el paisaje del mundo, espacios para autopistas, exploraciones mineras, talas forestales, etc. lleva agregado consideraciones éticas y estéticas, más allá del sesgo visual, ya advertido por Marshall McLuhan y por varios artistas e investigadores de este género, posibilitando la asunción de la indisponibilidad sobre la naturaleza como utilidad o recurso y como objeto de explotación o enemigo a vencer o doblegar.

Hoy muchos artistas e investigadores de extremos opuestos del mundo, pueden colaborar entre sí en la práctica y en el estudio del paisaje sonoro, conectándose a través de modelos virtuales 3D, ayudando a vincularse emocionalmente con los espacios reales o imaginados, permitiendo su defensa y conservación.

Las denominadas antropofonía, que hace referencia a los sonidos producidos por las actividades humanas, la biofonía a los producidos por los organismos vivientes; y la geofonía que abarca los sonidos de los elementos y fenómenos naturales, son algunas de las áreas de estudio y de inspiración para la investigación y la creación artística.

Cuando el paisaje sonoro es tratado por artistas, cuando se crea un ambiente acústico en un lugar por medio de sonidos naturales, urbanos o de cualquier origen y los interviene modificándolos o no y los intercambia vía red, radio o satélite, etc., entonces podemos hablar del paisaje sonoro como género artístico. Al existir ya una audio-tecnología o una forma relacionada a unos contenidos, que conjugados producen unos parámetros formales y específicos en dichas obras debido a factores de cierto tipo de tecnología de grabación y de la escucha relacionada al ambiente sónico, podemos afirmar que el paisaje sonoro tiene una estética singular.

El artista sonoro Barry Truax afirma: “cuando un artista sonoro expone a la escucha un paisaje sonoro abstracto es cuando manipula, edita, intercambia, sustituye, mezcla, esas fuentes de sonidos tanto figurativos como electroacústicos. Podemos hablar también de una composición natural encontrada sin manipulación, donde puede ser escuchada con la misma atención de una pieza musical”. 

Recordemos las reflexiones de Luigi Russolo:

uno sólo tiene que pensar en el tronar del trueno, el silbido del viento, el estruendo de una catarata, el gorgoteo de un arroyo… el traqueteo de una carreta en el camino y en la respiración blanca, completa y solemne de una ciudad en la noche… Atravesemos una gran capital moderna con nuestros oídos más sensibles que nuestros ojos…nos divertiremos orquestando juntos en nuestra imaginación el estrépito de las cortinas de los comercios, los variados gritos en las estaciones de los trenes, fábricas de acero, hilanderías, imprentas, plantas eléctricas y subterráneos.

Este elogio del ruido ambiental nos incita a aprender de los sonidos del mundo real y de la forma que los oímos, para comprender –a través de la investigación y del análisis– tanto a nuestro medio ambiente como a nosotros mismos. Hoy un artista sonoro comprendiendo estas proclamas y teniendo los medios que permiten «orquestar» sonidos muestreados y los del mundo real, puede mágicamente convertirlos en nuevas formas y frecuencias, en resumen: obras que redundan en una alquimia sonora artística y estética particular, focalizada en la audición de la realidad y de la imaginación.

Comprender el espacio acústico en su totalidad es saber no sólo que es simultáneo, (ya que percibimos sin cesar sonidos desde los 360º que nos circundan); sino también discernir que los términos: señaltonalidadpaisaje-sonoro son la equivalencia del mundo visual y sus 180º que limitadamente captamos; es decir en términos de la Gestalt: figura-fondo-campo. Esto lo sabían los creadores del denominado happening, durante los 60 y 70 y que es la representación de esa realidad. Nos referimos al grupo Fluxus con George Maciunas, Joseph Beuys, John Cage, David Tudor, Robert Rauschenberg , Merce Cunningham, entre otros.

Entonces, nosotros en tanto cazadores de sonidos, escuchas activos y artistas sonoros, podremos retornar a la vida real conmovidos e inspirados en un plano mental, espiritual y social, por un Arte Sonoro que asigna relevancia a la vida interior y exterior, comprendiendo esa resonancia que contenemos y que nos contiene.

Paisaje sonoro intervenido del estado Yaracuy en Venezuela, en consonancia con la cantata 131 “De Profundis” de Johann Sebastián Bach.

Jorge Gómez: músico, artista sonoro, productor radiofónico, docente e investigador. Autor de libro “La liberación del sonido – Las artes sonoras y su campo expandido. Productor del programa de radio “Oír es ver”, dedicado al arte sonoro, el radioarte y las nuevas músicas, en la emisora HJUT 106.9 fm estéreo. Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogotá – Colombia. http://www.utadeo.edu.co/es/micrositio/emisora-hjut

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *