La naturaleza en el arte

La naturaleza en el arte

El arte ha sido, tradicionalmente, el mayor admirador de la belleza natural. Avanza y se redescubre con el tiempo, transmitiendo a la humanidad el deleite espiritual de la creatividad y de lo intangible. El concepto de arte es tan amplio que no puede tener una definición única. Asimismo, las interpretaciones sobre las obras varían según la cultura, los hechos históricos, los movimientos artísticos o los niveles de sensibilidad de una sociedad. La naturaleza, en su concepto más común, excluye la intervención humana. Tiene la belleza innata de la natura, inherente a la infinita gama de los fenómenos del mundo físico y de sus seres vivos. Unir al arte con la naturaleza, utilizarla como pretexto, materia o emplazamiento, y hasta como imitación o representación, han marcado las diversas prácticas artísticas y las teorías del arte a lo largo de la Historia.

El binomio, arte-naturaleza, ha variado mucho y ha significado en cada época algo diferente. En la Grecia antigua el arte imitaba a la naturaleza, durante el Romanticismo se le alababa por su carácter sublime, mientras que en el Impresionismo fue puesto el énfasis en la luz y la temporalidad de la naturaleza. En el arte actual una amplia variedad de obras dialogan con ella de forma profunda e íntima a través de una intervención efímera, mediante la reestructuración del espacio o mostrando un nuevo nexo entre lo virtual y lo natural.

Observar y estudiar la naturaleza es una actitud que el ser humano ha tenido desde los tiempos más remostos. Los primeros en sentir la naturaleza y convertirla en obra con valor artístico fueron nuestros antepasados de la Prehistoria, cuando vivían en plena conexión con lo natural y dependían de ella para sobrevivir. No conocían lo puramente artificial y sus vivencias, expectativas y deseos se ven reflejadas en estas obras.   

Sus motivos más comunes  son los dibujos de bisontes o caballos. A veces las formas de estos animales se adaptan a los salientes y relieves de las rocas integrándose en la piedra; sus delicadas líneas y el tratamiento sugerido de ciertas texturas en el pelaje, demuestran una sensibilidad particular para representar algo muy apreciado. Cuando los observamos, nos existen líneas horizontales, ni verticales, ni quiera existe la idea o concepto de gravedad o un orden racional para el espacio. Es sin duda el reflejo de la naturaleza sentida del modo más directo posible.

Podemos encontrar dibujos y pinturas inspiradas en la naturaleza con aspectos muy distintos: realistas, hiperrealistas, abstractos, expresionistas, surrealistas, geométricos, conceptuales, entre muchos más. Por ejemplo en las representaciones de  caballos, los artistas han tenido que saber como es un caballo. Han podido realizar sus obras mirando directamente el modelo o de memoria, utilizando la información aprendida en anteriores observaciones

Las posibles representaciones de lo natural

El caballo rupestre es naturalista, sensitivo y gestual; posiblemente pintado con una intención mágica. El caballo egipcio es muy descriptivo y racional, se sintetizan sus formas y se idealiza. Leonardo da Vinci hacía un estudio muy realista de la anatomía del caballo, detallando sus formas y sus músculos. El artista alemán de los inicios del siglo XX Franz Marc expresaba sus emociones y sentimientos representando los caballos a través del gesto, el color y las formas.

Las representaciones de animales y figuras del arte egipcio son opuestas a las representaciones de arte rupestre, las egipcias son más racionales, es decir, son figuras racionalizadas y sintetizadas, donde predomina la idea de contorno. Los egipcios fueron los inventores de la línea recta vertical y horizontal como direcciones de gravedad y su opuesto.

Los dibujos egipcios están llenos de convencionalismos, por ejemplo en los dibujos no existe una perspectiva visual del paisaje y la naturaleza basada en la reducción de los tamaños, el tamaño no indica lejanía. Los egipcios inventaron una manera de crear espacios utilizando el convencionalismo de la superposición. Los distintos tamaños se emplean para dar mayor o menor importancia a cada personaje. No obstante el sentido egipcio del orden y del convencionalismo, no les privó de observar la naturaleza con detalle y precisión.

El paisaje puede ser para el pintor un tema tan atractivo como lo es para cualquier amante de la naturaleza. Algunos artistas se han convertido de hecho en especialistas del paisaje, mientras que otros recurren a esta especie de estudio de la naturaleza sólo de forma ocasional, para refrescar su mente y sus ojos. El contraste entre las obras de los artistas y las creaciones de ella producen en ocasiones cuadros que no son sólo agradables visualmente, sino que también revelan directamente el lugar del individuo en la naturaleza.

En el siglo XVII los holandeses se contaban entre los más grandes navegantes del mundo, por lo tanto los cuadros con mar y barcos eran entre ellos especialmente populares. El pintor, grabador y dibujante Simon Vlieger aun pintando una escena bastante simple, puede sugerir en sus pinturas, la inmensidad del mar con toda su amenazadora turbulencia y la belleza audaz de los barcos que lo surcan. Un cielo inmenso constituye el fondo de los orgullosos navíos que, con las velas izadas y los gallardetes enarbolados, zarpan viento en popa en busca de lejanas aventuras.

Simon De Vlieger. Un ferry holandés antes de una brisa. Holanda s. XVII. 1642

Por el contrario, el pintor francés Eduard Monet estaba fascinado por los destellos del agua , la niebla que se levanta lentamente con el amanecer y los pequeños botes que flotan sin heroísmo algunos sobre la titilante superficie del mar. Monet nos ofrece una imagen del mar íntima y familiar, le atraía especialmente el juego de la luz sobre el agua y trabajó intensamente para hallar una técnica capaz de conseguir ese efecto en la pintura. Tal vez todos coincidimos que en su obra Impresión. Amanecer, Monet logró comunicar admirablemente la desdibujada aparición del alba abriéndose paso sobre el mar.

Recordemos que también el pintor inglés William Turner había realizado muchos y brillantes estudios de tormentas en el mar, en las cuales toda definición de formas se perdían entre las olas enfurecidas y las nubes arremolinadas. Los poderosos cuadros de Turner tienen tanta fuerza, y los medios que utiliza para representar grandes tormentas y enormes olas  son tan adecuados, que nos vemos tentados a pensar que su procedimiento es único en comunicar el caos en una tempestad.

Willian Turner. Barco de vapor frente a la boca de un puerto en la tormenta de nieve, 1842

En la antigüedad clásica se pintaban ya naturalezas muertas , y en el Renacimiento la recuperación de un arte de representaciones realistas unidos por un  gran respeto por las obras de la antigüedad clásica estimularon la reaparición de este tipo de pintura.  Las naturalezas muertas se representan muchas veces con montones de frutas, apiladas con apetitosa abundancia, bandejas con pescado plateado, aves de caza con bellos colores colgados de la pared o magníficos ramos de flores relucientes que se derraman en cascada.

Las naturalezas muertas pueden consistir también en lustrosas vajillas de peltre, en vasos de transparente brillo, en alfombras ricamente tejidas extendidas sobre una mesa, o libros, jarras, pipas, el tintero de un escritor, el pincel y la paleta de un pintor. Todos tipo de objeto inanimado es tema adecuado para una naturaleza muerta, para que la habilidad el pintor nos haga percibir de repente las propiedades artísticas  que hay en las cosas cotidianas.

El interés del pintor francés de finales del siglo XIX, Paul Cezanne por descubrir las formas geométricas que subyacen a las apariencias y que pueden ordenar una composición, le convirtió en un excelente pintor de naturalezas muertas. Un frutero, un vaso, un mantel arrugado sobre la mesa; el diseño de estos elementos sencillos supuso un desafío para el artista, se trataba de ordenar bellamente objetos colocados aparentemente de forma casual.

La naturaleza en el arte
Paul Cézanne. Cesto de Manzanas. 1893

Este género de la pintura volvió a cobrar vida con una espontaneidad insólita  en la década de 1960 gracias a Andy Warhol, quien nos hizo mirar nuestras despensas con un nuevo sentido y orden estético, después de haber pintado el cuadro de las famosas latas de sopa Campbell. Las naturalezas muertas no solo tiene valor estético, pueden también contener un mensaje moral, incidiendo en un tema serio e incluso trágico. Por ejemplo: la presencia de una calavera entre los objetos bellamente plasmados es un inevitable recordatorio de lo transitoriedad de todas las cosas.

Al mismo tiempo la humanidad ha abusado de la naturaleza explotando sus recursos con fines de enriquecimiento individual, se ha alejado de la misma  devastándola y ciñéndola a las demandas de una nueva forma de vida. Debido a esto, aparece una conciencia colectiva que intenta entablar un diálogo más cordial y una aproximación respetuosa hacia el entorno natural. Así, en el seno de la expresión artística se creó una vía de entendimiento con la que se pretende mejorar nuestra relación con el medio natural fomentando su conocimiento e  interactuando directamente con ella.

Intervenciones y experiencias con la naturaleza

En los años setenta del siglo XX la naturaleza dejó de ser un mero contenido para convertirse en un campo de acción. Muestra de ello lo podemos ver en las intervenciones y experiencias como el  Land art,  el Arte de la Tierra y en las obras Site-specific. Desde entonces esta área se ha convertido en objeto de creciente investigación tanto teórica como práctica. Todas estas prácticas aportan una visión múltiple y fracturada de la naturaleza en nuestro tiempo.

Los artistas pioneros de dicho movimiento, inician sus proyectos interviniendo los espacios naturales, con obras diseñadas para la escala natural del entorno. Este movimiento nace paralelamente en los Estados Unidos de América y en Inglaterra con los artistas Robert Smithson y Richard Long, respectivamente, y en su contexto conceptual fue interpretado por muchos como una postura de protesta en contra de la superficialidad estética y la comercialización desmedida del arte en esos años de grandes acontecimientos mundiales.

Los distintos significados de estas obras se ven complementados con el entorno que los rodea, ya que sus orígenes están en el espacio en que se encuentran, puesto que son inseparables y dependen por completo de su entorno. Este tipo de arte puede considerarse efímero, ya que la durabilidad de sus esculturas depende única y exclusivamente del entorno natural. Para poder admirar la belleza de las obras es necesaria la complicidad de la naturaleza, bien sea desde una puesta de sol o un mar completamente en calma, hasta una pálida resolana en medio de un perenne clima polar.

El arte, el sonido y la naturaleza

La naturaleza en el arte no sólo se aprecia y es entendida desde lo visual, sino también desde lo sonoro. La idea del universo como composición musical tiene una historia que va desde el filósofo matemático griego Pitágoras hasta el músico norteamericano del siglo XX John Cage.

El sonido posee una indudable capacidad para emocionarnos, para inducir situaciones estéticas. Una música, una voz familiar, un sonido determinado como el del mar o el de una tormenta, muestran el potencial del sonido para afectarnos, para poseernos. El término “paisaje sonoro” fue creado por el compositor canadiense Murray Schafer, que concibe el paisaje sonoro como un ecosistema integrado por todos los acontecimientos acústicos del mundo, el catálogo completo de los ruidos y sonidos entre los cuales vivimos. El paisaje sonoro del mundo es una composición musical que se despliega sin cesar  a nuestro alrededor y de la que nosotros deberíamos ser no solo auditorio, sino así mismo compositores e intérpretes.

Los estudios del paisaje sonoro se sitúan entre las fronteras entre las ciencias, la sociedad y las artes. Desde el arte, el creador compone paisajes sonoros ideales para esa otra vida, la vida de la imaginación y la reflexión psíquica.  El paisaje sonoro tratado por artistas crea ambientes acústicos de un lugar por medio de sonidos naturales, urbanos o de cualquier origen, los interviene modificándolos o no, los intercambia vía red, radio o  satélite o los expone en una galería o museo.

Las creaciones y registros de paisajes sonoros son además una valiosa herramienta de sensibilización y educación sonora no sólo en el campo musical sino también, en el campo de la educación ambiental. Como nos dice el  músico, cineasta francés Michel Chion: si al sentimiento estético visual toma sus referencias en la realidad de la belleza de un paisaje, de un árbol, de un cuerpo humano, porqué el placer sonoro no podría referirse al entorno sonoro.

La naturaleza ha sido y sigue siendo un escenario, que genera reflexión a todos los niveles del conocimiento humano, y como comprobamos, el arte se sigue nutriendo de todas las vertientes que ofrece o preocupa en cada momento.

La naturaleza se acerca, se transita, se percibe, se aleja para dejar paso paulatinamente a la siguiente y satisfacer así el impulso de novedad. Posteriormente, tras la jornada de exploración, posiblemente se dé el nuevo impulso que hará detener al artista en su taller para refugiarse en la experiencia recibida y traducirla posteriormente al lenguaje plástico más adecuado.

Naturaleza y paisaje, brillos y destellos, luces y sombras se redescubren a cada momento, al amanecer, al atardecer, cada noche y cada día. Por eso nunca es banal volver allí donde ya hemos estado con anterioridad: seguro que descubriremos algo nuevo, algo que nos inspire nuevas ideas para crear obras de arte.

Bibliografía:

_Kessler Mathieu. El paisaje y su sombra. Colección Idea Universitaria – Filosofía. España.
_Schafer Murray R. El paisaje sonoro y la afinación del mundo. Ediciones Intermedio. España
_Woodford Susan. Como mirar un cuadro. Universidad de Cambridge. Editorial Gustavo Gili S. A. España.

*Obra escogida para el artículo: Pintor cubano Tomás Sánchez

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El arte y las artes“un encuentro con el espíritu creativo en la historia”

Amarilys Quintero. Artista Intermedial- Comunicadora – Docente. Coordinadora de la plataforma dedicada a la educación, investigación y divulgación artística ARS SONORUS. Estudiosa y apasionada de la Historia del Arte.

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