El Bosco

La obra del Bosco

El artista que pintó la locura humana

En el año 1500 Europa estaba lista para dejar atrás la Edad Media y entrar en un nuevo capítulo de su historia con el espíritu del Renacimiento. Este fenómeno cultural inicia la Edad Moderna, retomando los principios de la antigüedad clásica sin renunciar a la tradición cristiana, sustituyendo así la omnipresencia de lo religioso por la afirmación de los valores del mundo y del ser humano.

El Renacimiento transformó no sólo las artes, sino también las ciencias, las letras y el pensamiento. En el Arte, el Renacimiento floreció en Italia en los siglos XIV y XV, extendiéndose lentamente por Europa.

Sin embargo en los Países Bajos el espíritu medieval todavía determinaba gran parte de la vida diaria, eso fue lo que inspiró a uno de los artistas más extraordinarios de todos los tiempos; un hombre que reconocía las locuras humanas y trataba de advertir sobre ellas, un hombre cuyas ideas cristianas estaban mezcladas con el folklore del momento y lo expresaba a través de su propio genio artístico. Hablamos de uno de los de los grandes maestros holandeses del siglo XV Hieronymus Bosch, mejor conocido como el Bosco.

La tradición holandesa en pintura es una de las más duraderas en la historia del arte occidental. Durante siglos las tierras de la moderna Holanda y Bélgica han sido un punto focal importante. Ya en 1450 habían pintores del calibre de Jan van Eyck y Rogier van der Weyden; durante el siglo XV y principios de XVI, los retratos de personalidades y los encargos religiosos generaron trabajo a un gran número de pintores holandeses cuyo arte quedaba a menudo dentro de las familias.

Los poco que sabemos sobre su vida

En 1431 un hombre llamado Jan van Aken se estableció como pintor en Hertogenboch, cerca de Amberes, en lo que entonces era el Ducado de Brabantes, cuatro de sus cinco hijos se convirtieron en pintores famosos. El nieto de van Aken, cuyo nombre de bautizo fue Jeroen Anthonisszon van Aken, transcrito de forma latinizada como Jeronimus renunció a su verdadero apellido adoptando el de su ciudad natal  Bosch, probablemente para diferenciarse de su hermano, también pintor, quien había heredado la tienda de su padre.

Jeronimus  Bosch al parecer nació en 1450 y permaneció en su ciudad natal toda su vida. Se casó con un mujer acaudalada hacia 1480 que era miembro de una orden religiosa local: La hermandad de Nuestra Señora. La muerte del Bosco  en 1516 completa los datos históricos, los detalles de su vida son muy escasos, por lo que es casi un total misterio. Por lo tanto es través de las preocupaciones de su arte tal vez debamos identificar las preocupaciones de su vida.

La formación del Bosco como pintor se desarrolló en el seno familiar: fueron sus propios hermanos y su padre quienes le enseñaron el oficio artesanal. De esto se deriva una cierta torpeza compositiva, aunque enseguida estableció su temática favorita: la debilidad humana, tan proclive al engaño y ceder a las tentaciones

Una de sus fuentes de inspiración favorita fue la cultura popular, los refranes, los dichos, las costumbres y leyendas, las supersticiones del pueblo le dieron múltiples temas para tratar en sus cuadros. Dando a los objetos de uso cotidiano un sentido diferente convirtiéndolos en escenas delirantes, llenas de simbolismos. Todos sus cuadros están impregnados de un sentido del humor burlesco e incluso cruel.

El Bosco vivió en un mundo despiadado, la organización de los estados nacionales brillaba por su ausencia y en los terrenos rurales se imponía la ley del más fuerte. La ignorancia y el analfabetismo alcanzaban a un 90% de la población, que veía su esperanza de vida en poco más de los cuarenta años. Las enfermedades endémicas y las epidemias, frecuentemente de peste, diezmaban a la población, incluyendo las guerras mantenidas durante años. En tal estado de cosas, en toda Europa se produjeron abundantes movimientos heréticos, sectas que trataban de romper con la Iglesia que ostentaba un poder y lujos excesivos.

Los movimientos heréticos trataban de retornar a las raíces del primer cristianismo, con comunidades en las que se compartieran los bienes. Casi todas las sectas fueron perseguidas, como la de Savonarola en Italia. Sin embargo, en Alemania, muy cerca de los Países Bajos, Lutero conseguiría triunfar pocos años después de la muerte del Bosco. El artista vivió en una época de crisis espiritual muy profunda, que condujo poco después a la ruptura del mundo cristiano.

Sus primeros trabajos

El Bosco prácticamente pintó sólo obras religiosas. Su piedad era extrema, rigurosa, y presentaba un mundo enfangado que se revolcaba en el pecado, casi sin esperanza de salvación. El Bosco ve a sus congéneres pudriéndose en el infierno por todo tipo de vicios. Se tiende a mirar sus obras como productos magníficos de la imaginación y no hay tentación más fácil que identificarlo con el movimiento surrealista en el siglo XX.

Hacia 1475 el Bosco era un artista muy activo, los primeros trabajos que se conservan revelan una preocupación artística presente posteriormente en sus obras más grandiosas; como muchos de los pintores de su época el joven artista tomó la Biblia como fuente de inspiración tal como lo podemos apreciar en su cuadro: Las bodas de Caná. El evangelio de San Juan describe la fiesta de las bodas de Caná como el escenario de uno de los milagros más conocidos de Cristo, la transformación del agua en vino.

En la pintura se puede  observar claramente las consecuencias beneficiosas del milagro y la figura divina del mismo Cristo. Sin embargo esta pintura del Bosco no es una obra abrumadoramente espiritual, se manifiesta con un fuerte sentido de errónea humanidad, con un simbolismo que contribuye claramente a ese efecto. La figura del mago, por ejemplo, nos recuerda que muchas personas de la Edad Media tenían fe en más cosas, aparte del poder de cristo.

En el siglo XV en Europa la creencia en la magia era un fenómeno muy extendido, el Bosco representó el tema en el cuadro: El Prestidigitador, también de sus primeros años, en él vemos una escena con un mensaje más inmediato, un mago aparentemente saca una rana de la boca de un hombre cuya fe en el poder de la magia es cómicamente obvio. Pero el prestidigitador no tiene realmente poderes mágicos, es un estafador que utiliza su rana como un truco ingenioso para distraer la atención mientras su cómplice vacía los bolsillos del fascinado público. Todavía podemos apreciar el humor de esta pintura, porque como sabemos la estupidez humana no desaparece precisamente con la Edad Media.

La obra del Bosco
Obra: “El Prestidigitador” (1475–1505). Saint-Germain-en-Laye

Muchos de los estudios del Bosco sobre la locura humana expresan sentimientos hoy muy vivos. En el cuadro: “Extracción de la piedra de la locura”, realizado entre 1470 y 1480, se ilustra un extraño fenómeno médico en el que hay frecuentes referencias del folklore medieval holandés, se pensaba que la estupidez se curaba quitando la llamada piedra de los tontos de la cabeza, aunque la idea de la piedra de los tontos no tenía ninguna base científica, pero mucha gente lo creía y tal vez nos resulta fácil reírnos de la credulidad de la representación de este inocente paciente medieval.

Las creencias mágicas

No podemos ignorar que nuestra época no está totalmente libre de creencias mágicas, puede que las generaciones futuras se rían de las prácticas actuales como la astrología o la quiromancia, no podemos saber como se verá nuestro propio tiempo, lo que si podemos reconocer es que hay un elemento atemporal en las obras del Bosco. El artista se muestra a sí mismo indudablemente como un producto de su propio mundo contemporáneo, pero también está fuera de ese mundo, es un artista que coloca un espejo que muestra la locura humana, el Bosco sigue una vieja tradición literaria que dice: el loco cuya sabiduría es al fin la mayor de todas.

En todos los trabajos monográficos existentes sobre la vida y obra de Jerónimo Bosch se alude que pertenecía a la secta de los Adamitas o Hermanos del Espíritu Libre de cuyas creencias y doctrinas pueden dar cuenta las escenas de su famoso tríptico El jardín de las delicias.

La obra del Bosco
Obra: “Concierto en el huevo”. 1561. Palais des Beaux-Arts de Lille

Los creyentes adamitas, como tantas otras sectas místicas que proliferaban en Europa de aquel entonces, creían que la salvación del alma estaba estrechamente ligada a la licencia sexual, a la transgresión. El retorno a la desnudez y la emergencia del rostro por debajo de la máscara sexual, o la indiscriminación amatoria, si bien aumentaban el pecado, conducían también a su inmediata absolución. Un eco de esa creencia pervive en la frase del poeta inglés William Blake que dice: “los caminos del exceso conducen al palacio de la sabiduría”. Es la voz gnóstica, herética que, paralela a la eclesiástica, compensaba la severidad y el desprecio teológico por la carne y las pulsaciones naturales.

Tal vez el misterio del Bosco está aquí: en el conocimiento y en la experiencia de las doctrinas antirreligiosas o heréticas que todavía  no logran eliminar su fe. La visión desesperada de un mundo expuesto, sin posibilidad de salvación, a la acción de las fuerzas maléficas, le llevan a representar más que las penas post mortem, la restitución de la tierra misma a las fuerzas triunfantes del mal, y las indecibles alteraciones que el alma y el intelecto sufren cuando ceden a los halagos demoníacos que, para el artista se concretan sobre todo en las doctrinas mágicas y hechiceras. 

Un atenta mirada al Jardín de las delicias expuesto en el museo del Prado sorprende al visitante en el abigarrado, sublime y alquímico mundo del siglo XVI. En este centro milagroso que es el Jardín de las Delicias coinciden el Edén mítico y el Edén escatológico, el pecado original y su universal perdón. Ante tales maravillas cabe preguntarse si el pintor flamenco Jerónimo Bosch lo sabía o como Leonardo da Vinci, sembró de enigmas su pintura para que los siglos posteriores lo descifraran.

Obra El jardín de las delicias

La obra el “Jardín de las Delicias” media entre el paraíso terrenal y el infierno musical. A la izquierda del cuadro Dios presenta Eva a Adán; es el panel de la pareja , anterior a las familias, los clanes y las tribus. A la derecha del cuadro reina la confusión y el caos: los inventos del hombre, castigando su falta de armonía cósmica; el panel de la llamada “civilización”, lo artificial, un mundo sin frutas, un infierno sin comestibles. Y en el centro, huevos, semillas, flores, peces, pasión y locura, que también representan la extraordinaria complejidad del cosmos viviente, el fantástico mundo de las coincidencias, está la más exacta representación del placer de vivir, las esferas transparentes, los fresones y las cerezas, las garzas, los cuervos, los caballos y hasta los imaginarios grifos celebrando la danza universal de las especies.

¿Cómo no condenó la inquisición, muy activa en aquel entonces, este cuadro sublime?. El humor incandescente que desprende esta obra impide una interpretación única; hay imágenes que niegan imágenes, abrazos que tan pronto sellan un amor, como lo ridiculizan. Todo el jardín es una especie de sueño delirante, una alegoría de múltiples niveles de significación que desafían a la gravedad fantaseando con uniones imposibles, heterodoxas o compensatorias.      

La obra del Bosco
Obra “El jardín de las delicias”. Tríptico (1500-1505). Museo del Prado

Felipe II fue uno de los coleccionistas más entusiastas de El Bosco. La admiración del rey por el pintor flamenco era bastante peculiar. Dicen que el monarca se entusiasmó por el Bosco porque pintaba al hombre como era, no como quería ser. Existe una leyenda bastante extendida que asegura que cuando Felipe II se hallaba agonizando, pidió que le llevaran a su habitación todas las pinturas del holandés para fortalecerse moralmente. Principalmente, quería morir frente al tríptico El jardín de las Delicias.

El alma del Bosco fue un alma atormentada, tal vez inconscientemente oscilante entre polos opuestos, pero claramente inundada de una realidad mística propia que consiguió infundir en sus obras con la ayuda de símbolos. El mundo debía florecer aún, crecer y multiplicarse. Tanto así que el genio flamenco creyó necesario celebrar su fecundidad. Hoy cuando el destino de la Tierra está amenazado por los cuatro puntos cardinales, la imagen del “Jardín de las Delicias”  contiene aún la chispa inmortal de la vida reflejada en los innumerables pétalos de la especie -espejo ideal o deseo infinito-, ¿quién puede dudar de su actualidad?.     

La obra del Bosco es única, sin parangón en la tradición pictórica holandesa. No guarda semejanza alguna con otros artistas de su época, parece extrañamente moderna: cuatro siglos después, su influencia apareció en los movimientos artísticos del siglo XX como el expresionismo y el surrealismo. Todo parece estático en la obra del Bosco, pero nada es más dinámico que el placer y nada tan rápido como su consumación.

Un desfile flotante dedicado al pintor Hieronymus Bosch honra la fascinación del artista por lo fantástico y lo absurdo en un evento anual que encarna su filosofía y estética. Este espectáculo de arte teatral y musical sobre el agua, que atrae a miles de visitantes a la ciudad sureña de ‘s-Hertogenbosch en los Países Bajos donde nació, se celebra desde el 2019 y se llama Desfile de Bosch, el próximo Desfile será el 17 de junio del 2021.

Bibliografía

Bussagli Mario. El Bosco. Colección los Diamantes del Arte. Ediciones Toray
Fascículo: Maestros de la Pintura. El Bosco.

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Amarilys Quintero. Artista Intermedial- Comunicadora – Docente. Coordinadora de la plataforma dedicada a la educación, investigación y divulgación artística ARS SONORUS. Estudiosa y apasionada de la Historia del Arte.

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