significado de las máscaras africanas

Significado y estética en las máscaras africanas

Las máscaras africanas son posiblemente la forma de arte más admirada y conocida del continente africano. A principios del siglo XX, artistas como Pablo Picasso y André Derain, se inspiraron en los abstractos y audaces diseños que descubrieron en las máscaras tribales africanas para estremecer al mundo del arte. Los artistas europeos estaban buscando nuevas formas de expresión, el poder expresivo del arte africano fue fundamental para esta transformación y para el desarrollo de los primeros movimientos modernistas como el cubismo, el fauvismo y el expresionismo. Picasso se inspiró en las máscaras de la etnia Fang para la creación de una de sus obras más emblemáticas: Las señoritas de Avignon.

En el África negra, enigmática, virgen y secreta, el tiempo se ha detenido a favor de las tradiciones ancestrales que se conservan tan presentes antes de que el hombre blanco pisase aquella tierra con la intención de imponer sus doctrinas políticas y culturales. Las artes africanas son fiel reflejo de las ricas historias, filosofías, religiones y sociedades de los habitantes de este vasto continente.

La historia del arte africano se remonta a los tiempos prehistóricos. Entre las formas artísticas más antiguas están las pinturas y grabados en piedra en el Sahara (entre los años 6000 a.C. y siglo I d.C.). Otros ejemplos de arte primitivo los tenemos en las esculturas modeladas en arcilla de los artistas de la cultura Nok, al norte de Nigeria, fechadas entre el 500 y el 300 a.C.; también en los decorativos trabajos en bronce de Igbo-Ukwu (siglos IX y X d.C.), y en las magníficas esculturas en bronce y terracota de Ifé (del siglo XII al XV d.C.). Estas últimas muestran tal habilidad técnica y están representadas de forma tan naturalista, que en un principio erróneamente se consideró que estaban inspiradas en la Grecia clásica.

El arte africano

Las ricas tradiciones artísticas africanas continúan hoy día, tanto en su línea más tradicional como a través de nuevos y renovadores modos de expresión. La tradición artística africana abarca la escultura en figuras y máscaras, la arquitectura con estructuras de tipo doméstico, el mobiliario, la cerámica, los tejidos y las joyas. También la decoración corporal con pinturas, peinados, tocados, tatuajes e incisiones, así como las pinturas en edificios y ropas, siendo de gran importancia en el patrimonio artístico africano.

Los materiales más comunes en su arte son la madera, las fibras textiles, el metal, el marfil, la arcilla, la tierra y la piedra. Las formas de representación dentro de cada elemento varían desde un relativo naturalismo a la abstracción absoluta, con unos estilos artísticos en consonancia con la tradición estética establecida en cada área cultural.

Los artistas africanos trabajan generalmente como especialistas, recibiendo su instrucción y enseñanzas de otros artistas ya consolidados que viven en sus mismas comunidades o áreas culturales. En ciertos reinos antiguos, como el de Benín en Nigeria, la formación de los jóvenes artistas era controlada por importantes y activos gremios. Entre ellos, los yorubas que fueron desarrollando escuelas de artistas a partir de grupos familiares locales. A menudo la profesión artística se vio como algo hereditario, pasando el talento de generación en generación, y relacionando muchas veces la creatividad y el éxito a cualidades divinas heredadas de los ancestros.

En los pueblos dogones y bambara de Malí todos los escultores fueron seleccionados entre un antiguo grupo de herreros con costumbres endogámicas. El lugar de trabajo y los materiales empleados fueron también elementos importantes para el artista durante el proceso creador. A menudo éstos fueron controlados por severas medidas y prohibiciones de carácter religioso. En algunas culturas africanas se aceptaron modelos estéticos intencionadamente distorsionados para retratar personajes de conducta antisocial. Los ibo e ibibio de Nigeria, por ejemplo, representaron en sus máscaras horrendos y morbosos monstruos de facciones asimétricas para mostrar con ellas a los individuos revoltosos, malos o peligrosos. Estas máscaras solían compararse frecuentemente con otras de mayor belleza y factura estética, en las que se retrataba a los personajes disciplinados, buenos o pacíficos de la tribu.

El arte de las máscaras

El arte de las máscaras africanas es una forma antigua de arte humano, culto religioso y ceremonial. Con frecuencia las máscaras se realizan en cuero, metal, tejido o tipo de madera. El significado es cultural y de tradición en muchas de las sociedades aborígenes del continente africano.

Las máscaras son usadas en eventos, entre los que se incluía la iniciación de un niño en la edad adulta, la cosecha de un cultivo y la preparación que marca el final de la guerra. La máscara la llevaba un bailarín, tanto como casco o como cresta. Esta máscara representaba con frecuencia el espíritu de un antepasado en estas celebraciones, donde se creía que el espíritu del ancestro era el que poseía el bailarín con la máscara. Cuando se celebraban las ceremonias rituales, la máscara representaba a una deidad, que podía ser el espíritu de un antepasado, un ser mitológico o un espíritu animal. El bailarín con la máscara a menudo entraba en un trance profundo, donde se comunicaba con los antepasados. Él trae mensajes a las personas de los espíritus.

También solían ser usadas por los miembros de las sociedades secretas. Por ejemplo en la tribu del pueblo Fang que está ubicado en la costa atlántica, los miembros de una sociedad secreta llevaban la máscara Ngil durante la iniciación de miembros nuevos o cuando se castigaba a los hechiceros. Estas máscaras se alargaron, representando una cara en forma de corazón con una nariz alargada.

Algunas máscaras se hicieron por sociedades nativas de África en honor a un rey en particular, director u otra autoridad. También se manifiestan en la siembra y en el cultivo y la cosecha, en el inicio de la cacería o antes de que el pueblo fuera a la guerra.

Antes que el mismo hombre, llegaron las máscaras, cuenta la tradición Guéré. Debe ser por esto que en el territorio se les teme y respeta, además se le otorga un poder social equivalente o superior al de los chamanes o jefes políticos. En la sociedad Guéré cada máscara tiene su función y está presente en todos los acontecimientos familiares, desde bodas hasta funerales. Sus facultades extrasensoriales, sus conocimientos ocultos y el dominio que ejerce sobre las fuerzas invisibles permite que el hombre – dios enmascarado desvíe las fuerzas diabólicas y proteja con su presencia a aquellos que la han invocado.

Utilizadas para regular e interferir en las tradiciones sociales, las máscaras pueden juzgar, castigar y perdonar. Llamadas para conciliar partes enfrentadas, explican cómo debe comportarse y su palabra se respeta como ley, interrogadas en asuntos de violencia, ellas designan culpables e inocentes, tan amplio es su poder, que rigen la vida de la comunidad. Pero no todas las máscaras cuentan con altos poderes, estos sólo puede adquirirse con el tiempo. Los portadores aprenden paulatinamente en el conocimiento de sus secretos y, siguiendo el ritmo impuesto por la sociedad, llegan alcanzar el estado cumbre, el más privilegiado: la sabiduría.  

La tradición asegura que las poderosas máscaras resurgen de su tumba, secreta y escondida en la espesura de la selva y cuando llega al poblado no cantan, ni bailan, ni abandonan su estatismo. Hombres y mujeres de la aldea la reciben vestidos de blanco, (símbolo de pureza) y, como impone la costumbre, el día del encuentro todos los problemas deben ser solucionados. Una semana de incesantes cánticos y danzas marchan y celebran el retorno de la máscara de la sabiduría, la más venerada de todas. Después de tan magnífica fiesta en su honor, la máscara emprende el camino de regreso hacia la maleza de la que surgió: la vegetación muere bajo el peso de sus huellas y nada vuelve a crecer tras su paso.

En las máscaras se despliega la prodigiosa capacidad creadora y la imaginación de los africanos, que se patentizan en una extraordinaria variedad formal, subrayada por la utilización de la madera, materia prima fundamental, combinada con toda clase de elementos decorativos (rafia, cauris, hojas, sartas de vidrio de colores, conchas, campanillas etc.); por otra parte, las máscaras talladas antiguamente casi nunca eran pintadas; en las máscaras de hoy el color puede ser utilizado con enorme libertad y en tonalidades muy contrastadas y violentas.

Máscaras africanas talladas en madera.

A la innumerable variedad de formas hay que añadir la complejidad de significados y la multiplicidad de usos, determinados por los distintos tipos de ceremonias en las que las máscara tiene su marco específico dentro de la sociedad tribal. La tipología de las máscaras es muy amplia y hay que tener en cuenta que cada etnia y cada grupo tribal o clánico puede desplegar una marcada diversidad de formas.

La palabra «máscara» tiene su origen en el masque francés o la maschera en italiano o también del máscara en español. Los posibles términos etimológicamente relacionados con el latín (no clásico) son el mascus, masca que significa  «fantasma»; y el maskharah árabe que significa «bufón», «hombre con una máscara». Básicamente se trata de una simplificación ornamental. Lo visible se reduce a los elementos básicos que transforman un rostro en una máscara. Y la máscara es a su vez, una representación, cargada de intenciones y simbolismos, que son parte del inconsciente colectivo e individual que representan los temores y aspiraciones de una civilización.

Las máscaras africanas desempeñan un papel importante en las ceremonias tradicionales y danzas de teatro. Se clasifican en cuatro categorías: espíritus del antepasado, héroes mitológicos, la combinación del antepasado y héroe, y los espíritus animales.

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Máscara africana tallada en madera

Las diferentes máscaras no se reducen a una variedad de caretas que cubren el rostro de quienes la llevan. Son complejas, siempre cuidadosamente elaboradas y pueden ocultar al portador de los pies a la cabeza, su aspecto no es fruto del azar o de la inspiración del artesano, el atuendo completo responde minuciosamente  a su descripción ancestral.

Es importante señalar que la función primordial de la máscara no consiste en aterrorizar a su pueblo, sino enlazar lo que está separado, unir a la comunidad humana con el poder de lo divino, la sabiduría ancestral y las fuerza oscuras cuyas normas dirigen el mundo, una especie de puente entre el cielo y el suelo. Las deidades son bailarines enmascarados que hablan y cantan. Cuando la máscara habla contiene significado y valor.


Amarilys Quintero. Artista Intermedial- Comunicadora – Docente. Coordinadora de la plataforma dedicada a la educación, investigación y divulgación artística ARS SONORUS. Estudiosa y apasionada de la Historia del Arte.

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